A LETTER TO ELISE
Monday, January 4th, 2010De regreso a Cali. Diciembre. Cinco años sin venir. Mi vieja está más vieja (pero menos pesimista). El barrio donde crecí conserva su horrorosa arquitectura. En esta esquina del sur ahora hay una estación del MIO. La Quinta. La gente sudando. Las gordas metidas de manera misteriosa en esos pantalones apretados que las hacen ver más gordas. Los gordos con caras de traquetos. Los traquetos con caras de traquetos. Los hijos de los traquetos. Y, las peores, las hijas de los traquetos. Cali no cambia. Es la ciudad de mi nostalgia. Del dolor. Cali me duele por cada calle. Pero no recuerdo a Cali por la salsa. No recuerdo mi adolescencia por Niche (aunque las canciones de Varela las tengo en mi casa en Bogotá). La recuerdo por los quejidos friós y calculados de Robert Smith. De la gélida Londres, a la caliente Cali, los temas de The Cure (escuchados en el bar Coppelia) nos llegaron a muchos para jamás abandonarnos. Recuerdo el vinilo del Disintegration (sin Last Dance ni Homesick, al parecer no cabían en el acetato prensado en Colombia) dando vueltas en el viejo equipo Sharp que le había regalado mi padrastro a mi vieja. Luego pude comprar un reproductor de discos compactos Garrard, y en ese escuché con mi amigo Fernando el Wish, un disco que contenía éxitos como High o Friday I’m in Love, canciones que no eran las más interesantes de ese álbum. Ahora, en estos días tristes (pero con tiempo libre) en Cali, me puse a escribir un listado con las canciones que forman parte de la banda sonora de mi tristeza. Una de ellas es A Letter to Elise, el track número nueve del Wish. Una canción de desamor, de algo que no fue, de promesas rotas. Y recuerdo todas esas tardes de sol esperando por ella, la chica que siempre llegaba en junio y se escapaba en agosto. Y recuerdo todas esas tardes de lluvia esperando por ella, la chica que siempre llegaba a principios de diciembre y se desvanecía con la llegada del año nuevo. Y recuerdo a mi amigo Fernando y a su soledad que era mi compañía. Y a mi amigo Leo ( y sus frases Morrison: “This is the End… my only friend The End…“), quien me llevaba los VHS con los últimos videos de The Cure. Y ahora que paso, abordo del MIO, por las calles de mi adolescencia, y pongo en este infernal aparato (el BB de la esclavitud) A Letter to Elise, regreso de nuevo a esos noventas de sobresaltos e incertidumbres, vuelvo a la tristeza, a la derrota y al encierro de mi apartamento (el G-202) de esa época. Me quedo ahí, encerrado, con las lágrimas a punto de salir. La tristeza de Smith. La tristeza de esta ciudad de gordos y traquetos en la que nací, la tristeza de mi barrio y de un amor que borró el tiempo. La tristeza de A Letter to Elise (”Elise, believe, I never wanted this…”).
PD: Smith suele cambiar una estrofa de la canción cuando la canta en vivo.